martes, 21 de junio de 2011

Los secretos del día más largo...

El 21 de junio se celebra el solsticio de verano, que marca el inicio de esta estación en el Hemisferio Norte. Los rayos del sol caen sobre el Trópico de Cáncer directamente y 'provocan' el día más largo del año. Un acontecimiento que se repite desde hace 5.000 millones de años

 Los germanos llamaban al solsticio de verano el día de Baldur (el Dios de la Luz) que, según la leyenda, debía morir cuando comenzaba el verano, junto a Nanna, su esposa, custodia de las débiles flores primaverales. Esa noche se encendía el fuego para convertir a los difuntos en cenizas. Este rito alejaba los malos augurios y preparaba al pueblo para cambios hacia el bien.

Las celebraciones del solsticio de verano, que tuvo lugar ayer, 21 de junio, y que marca el inicio de esta estación, aparecen en Europa desde hace más de cinco mil años. Están cargadas, en todas las culturas, de símbolos y otras alusiones de carácter solar, como las hogueras, encendidas con el doble propósito de purificar y ayudar al Dios Sol a mantener vivo su poder. 

La realidad es que el solsticio de verano marca el inicio de esta estación en el Hemisferio Norte, y del invierno en el Hemisferio Sur, porque los rayos del sol caen directamente sobre el Trópico de Cáncer y esto se traduce en el día más largo del año, según explicó Alfredo Rosemberg, asesor científico del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC). 

"El solsticio de verano significa que el sol se queda quieto, no avanza más hacia el norte, sino que llega a una posición máxima para todos los que están en el Hemisferio Norte. Esto es fácilmente reconocible porque las sombras en el Hemisferio Norte se vuelven las más pequeñas de todo el año. Luego, en invierno, pasa al revés, cuando el sol va bajando hacia el sur, las sombras son mucho más largas. Este fenómeno se conoce desde hace muchos años", explicó.


Según han podido determinar los geólogos y geofísicos usando técnicas modernas de fechado radiométrico, la comparación del material proveniente de los meteoritos que han chocado con la Tierra en siglos pasados, el solsticio de verano es un acontecimiento que se repite cada año y que ha venido ocurriendo desde que la Tierra se formó, aproximadamente hace unos 5.100 millones de años.

"Las estaciones están definidas por la inclinación de la Tierra, que gira en torno al sol y tarda un año en dar una vuelta. Al mismo tiempo, la Tierra gira sobre sí misma y, en cada vuelta, cada vez que mira hacia el sol, es como un día, lo que ocurre es que el eje de rotación alrededor del sol y el eje de rotación sobre la misma Tierra está inclinado. Es como una peonza siempre inclinada hacia un lado, y las estaciones dependen de la inclinación de la Tierra y no de la distancia al sol, por eso las estaciones son opuestas en el Hemisferio Norte y en el Sur", indica Rosemberg. El investigador definió el verano como el momento en el que el sol recorre la mayor distancia y pasa lo más alto posible en el Hemisferio Norte, con más horas de radiación y, por tanto, más calor.

El solsticio de verano empezó ayer a las 18.16 horas, pero no siempre ocurre a la misma hora. "Cambia porque una vuelta alrededor del sol dura 365 y un cuarto de día. Ese cuarto provocó la creación de los días bisiestos, para volver a situarnos en la misma posición que la órbita. Los años bisiestos añaden un día más y por eso hay diferencias".

Lo que no cambia es la cita con las hogueras, un rito milenario que nació para darle más fuerza al sol y que hoy sigue marcando en las ciudades el inicio de un verano cargado de buenos deseos. 

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